Con los mejores deseos para tod@s...
PARQUES NACIONALES Y GUÍAS DE ANFIBIOS Y REPTILES DE ESPAÑA. libroscansecoeditores@gmail.com
jueves, 18 de diciembre de 2014
miércoles, 27 de agosto de 2014
Tormenta en el barranco de las Angustias
Lo que voy a contar ocurrió en torno a 12 años atrás.
En una de las "excursiones" de trabajo a las Islas Canarias, en la que me acompañaba mi hermano Jesús, tuvimos la idea de realizar una excursión desde la salida del barranco de las Angustias hacia el interior del cráter. El día amaneció con algunas nubes, pero muy soleado, por lo que decidimos iniciar el recorrido, dejando el coche en un pequeño apartadero. El recorrido en su inicio no entrañaba ninguna dificultad y nuestro objetivo era fotografiar rocas volcánicas para el capítulo de geología y vulcanología del libro del Parque Nacional que estábamos realizando.
Como decía antes, rápidamente comenzamos con nuestra tarea, fotografiando lavas almohadilladas, fragmentos de traquitas, grabo con estructura bandeada, diques basálticos, brechas, discordancias,.... El paseo era muy agradable, donde la geología propia de estas zonas volcánicas da para mucho entretenimiento. Pasábamos por zonas donde se elevaban, de forma considerable, las paredes basálticas que nos rodeaban, creando angosturas y formas muy bonitas. Hay que indicar que nosotros íbamos pisando el poco agua que transportaba el arroyo. Transcurridas unas 2h comenzó a extenderse por encima de nosotros una gran nube muy oscura, que apenas permitía pasar la luz. Es como si nos hubiesen echado una capa por encima. Pasaron unos minutos y comenzó a llover, pero no parecía que fuese nada especial. Nos cobijamos en un pequeño saliente de unas de las paredes del estrecho callejón que atravesábamos y decidimos esperar a que cesase la lluvia. Había pasado menos de 5 min y el arroyo comenzaba a aumentar su caudal muy rápidamente. Era preocupante pues comenzó a llover con mayor intensidad, pero decidimos aguantar en el curso del arroyo, al cobijo. No habían pasado más de 2 min y el caudal seguía subiendo cada vez más. Las rocas caían desde bastante altura y las había de todos los tamaños. Decidimos coger los equipos y salir agua abajo hacia el coche. Sabíamos de la dificultad que entrañaba el descenso, pues a la altura del agua, había que añadir el peso de los equipos, los accidentes geográficos que habíamos superado, algunos con gran desnivel, y las rocas que caían al vacío sin cesar desde una altura considerable. Es increíble lo que es capaz de soportar el cuerpo humano, cuando nos vemos atrapados y sentimos la necesidad de liberarnos. Corríamos aguas abajo, sin pensar lo que caía del cielo, ni los desniveles que tuvimos que saltar sin apenas pensar el riesgo que conllevaba. Hubo un momento que el agua que se había ido recogiendo en los numerosos barrancos de la caldera, había aumentado tanto el caudal del arroyo, que llegaba a tocar las mochilas. Cuando por fin salimos de esa angostura, aunque seguía lloviendo, nos vimos liberados de la incesante caída de rocas y pudimos mirar atrás con tranquilidad.
En este barranco han muerto varias personas, quizás por aferrarse a la culminación de una ruta que tiene muchas variantes, pero que sobre todo tiene un riesgo enorme cuando se avecinan tormentas. Nosotros tuvimos mucha suerte.
En la fotografía que ilustra este relato, podemos ver algunos de los lugares que nos encontramos a lo largo del recorrido por le barranco de las Angustias.
¡Una verdadera maravilla!.
En una de las "excursiones" de trabajo a las Islas Canarias, en la que me acompañaba mi hermano Jesús, tuvimos la idea de realizar una excursión desde la salida del barranco de las Angustias hacia el interior del cráter. El día amaneció con algunas nubes, pero muy soleado, por lo que decidimos iniciar el recorrido, dejando el coche en un pequeño apartadero. El recorrido en su inicio no entrañaba ninguna dificultad y nuestro objetivo era fotografiar rocas volcánicas para el capítulo de geología y vulcanología del libro del Parque Nacional que estábamos realizando.
Como decía antes, rápidamente comenzamos con nuestra tarea, fotografiando lavas almohadilladas, fragmentos de traquitas, grabo con estructura bandeada, diques basálticos, brechas, discordancias,.... El paseo era muy agradable, donde la geología propia de estas zonas volcánicas da para mucho entretenimiento. Pasábamos por zonas donde se elevaban, de forma considerable, las paredes basálticas que nos rodeaban, creando angosturas y formas muy bonitas. Hay que indicar que nosotros íbamos pisando el poco agua que transportaba el arroyo. Transcurridas unas 2h comenzó a extenderse por encima de nosotros una gran nube muy oscura, que apenas permitía pasar la luz. Es como si nos hubiesen echado una capa por encima. Pasaron unos minutos y comenzó a llover, pero no parecía que fuese nada especial. Nos cobijamos en un pequeño saliente de unas de las paredes del estrecho callejón que atravesábamos y decidimos esperar a que cesase la lluvia. Había pasado menos de 5 min y el arroyo comenzaba a aumentar su caudal muy rápidamente. Era preocupante pues comenzó a llover con mayor intensidad, pero decidimos aguantar en el curso del arroyo, al cobijo. No habían pasado más de 2 min y el caudal seguía subiendo cada vez más. Las rocas caían desde bastante altura y las había de todos los tamaños. Decidimos coger los equipos y salir agua abajo hacia el coche. Sabíamos de la dificultad que entrañaba el descenso, pues a la altura del agua, había que añadir el peso de los equipos, los accidentes geográficos que habíamos superado, algunos con gran desnivel, y las rocas que caían al vacío sin cesar desde una altura considerable. Es increíble lo que es capaz de soportar el cuerpo humano, cuando nos vemos atrapados y sentimos la necesidad de liberarnos. Corríamos aguas abajo, sin pensar lo que caía del cielo, ni los desniveles que tuvimos que saltar sin apenas pensar el riesgo que conllevaba. Hubo un momento que el agua que se había ido recogiendo en los numerosos barrancos de la caldera, había aumentado tanto el caudal del arroyo, que llegaba a tocar las mochilas. Cuando por fin salimos de esa angostura, aunque seguía lloviendo, nos vimos liberados de la incesante caída de rocas y pudimos mirar atrás con tranquilidad.
En este barranco han muerto varias personas, quizás por aferrarse a la culminación de una ruta que tiene muchas variantes, pero que sobre todo tiene un riesgo enorme cuando se avecinan tormentas. Nosotros tuvimos mucha suerte.
En la fotografía que ilustra este relato, podemos ver algunos de los lugares que nos encontramos a lo largo del recorrido por le barranco de las Angustias.
¡Una verdadera maravilla!.
Canon EOS 5D
Objetivo Canon EF 24-70mm f/4 IS USM
jueves, 12 de junio de 2014
Los lagartos usurpadores
Me alojaba en la Costa de Adeje y subía al Parque Nacional por Vilaflor, entrando por la parte suroeste, justo por el lado contrario a donde iba a realizar las fotografías. Una mañana espléndida, con un recorrido por los Llanos de Ucanca , El Tabonal Negro, Montaña Mostaza, ... hasta llegar al lugar de destino.
Preparé el equipo fotográfico y el camuflaje. Comencé el recorrido hacia una zona que había estado observando con antelación y donde cantaban los canarios y volaba el pinzón azul. Coloqué los instrumentos y a esperar a los bichos. Hacía fresco y me entró hambre, saqué unas galletas y a comer para matar el tiempo. Escuchaba cantar a los canarios, aunque estaba algo lejos de ellos. Pronto comenzó a entrar el Sol y con ello empezaron los lagartos su actividad. Aquí sólo hay una especie, el lagarto tizón, Gallotia galloti, muy robusto y oscuro, y por lo visto bastante confiado. Había llevado dos plátanos para el almuerzo y los había dejado en la mochila. Sentía que algo se movía dentro de esta, y abrí. Mi sorpresa fue grande, había dos lagartos intentando romper la bolsa de los plátanos. Entonces cogí la bolsa y decidí meterla en uno de los bolsillos de la cazadora. Pasado algún tiempo sentí como trepaban los lagartos por encima de mi, penetrando por la cazadora para usurparme los plátanos. Los saqué de la bolsa y los puse debajo de un gorro de camuflaje que llevaba puesto en la cabeza y efectivamente, de nuevo volvieron a subirse encima, pero esta vez los deje que se llevaran la comida. Mantuvieron, entre ellos, una riña constante durante un buen rato y despedazaron los plátanos... Era un espectáculo ver como acudían decenas de lagartos al convite...
¡Se comieron hasta la cascara!
Como se intuye en este relato, esa mañana tuve bastante con los lagartos, a los que pude sacar muchas imágenes y a diferentes especímenes, con más o menos pigmentación.
Preparé el equipo fotográfico y el camuflaje. Comencé el recorrido hacia una zona que había estado observando con antelación y donde cantaban los canarios y volaba el pinzón azul. Coloqué los instrumentos y a esperar a los bichos. Hacía fresco y me entró hambre, saqué unas galletas y a comer para matar el tiempo. Escuchaba cantar a los canarios, aunque estaba algo lejos de ellos. Pronto comenzó a entrar el Sol y con ello empezaron los lagartos su actividad. Aquí sólo hay una especie, el lagarto tizón, Gallotia galloti, muy robusto y oscuro, y por lo visto bastante confiado. Había llevado dos plátanos para el almuerzo y los había dejado en la mochila. Sentía que algo se movía dentro de esta, y abrí. Mi sorpresa fue grande, había dos lagartos intentando romper la bolsa de los plátanos. Entonces cogí la bolsa y decidí meterla en uno de los bolsillos de la cazadora. Pasado algún tiempo sentí como trepaban los lagartos por encima de mi, penetrando por la cazadora para usurparme los plátanos. Los saqué de la bolsa y los puse debajo de un gorro de camuflaje que llevaba puesto en la cabeza y efectivamente, de nuevo volvieron a subirse encima, pero esta vez los deje que se llevaran la comida. Mantuvieron, entre ellos, una riña constante durante un buen rato y despedazaron los plátanos... Era un espectáculo ver como acudían decenas de lagartos al convite...
¡Se comieron hasta la cascara!
Como se intuye en este relato, esa mañana tuve bastante con los lagartos, a los que pude sacar muchas imágenes y a diferentes especímenes, con más o menos pigmentación.
Nikon F4
Objetivo Nikon 500 f/4 + 1,4x
Película de diapositiva Fujichrome Velvia
martes, 18 de marzo de 2014
El Chorro de la Ventilla
El Chorro de la Ventilla
Después de campear varios
meses por la Raña de Cabañeros, la sierra del Chorito y la laguna de los Cuatro
Morros, decidí cambiar de paisaje y buscar en el bosque atlántico. Pregunté a
José Jiménez y a Juan Antonio Fernández y rápidamente me invitaron a acercarme
al Chorro de la Ventilla. Nos montamos en el Land Rover, que por cierto,
parecía sacado de la “Segunda Guerra Mundial”, era un artefacto rígido como una
lápida. Cuando comenzamos a subir por aquel cortafuegos en desuso, pequeño pero
con mucha pendiente, parecía que no sería capaz de realizar todo el recorrido.
Recuerdo que Juan Antonio metió todo lo que se le podía al cacharro. Cumplió
todas las expectativas como un campeón y se encaramó en lo más alto. ¡Una
maravilla! el pequeño valle estaba cortejado por acebos y abedules, era un auténtico
paraíso. Parecía que salía una bocanada de frescor del ardiente monte mediterráneo. Bajamos hasta el mismo arroyo para comprobar la perspectiva
interior del lugar y nos encontramos, justo debajo del Chorro, con alguna
planta insectívora como la hierva del rocio ,Drosera rotundifolia, y Pinguicula
spp., musgo de turbera , Sphagnum spp.
Y varias especies de helechos. El recorrido aguas abajo por el interior del
bosque de abedules fue una auténtica gozada, encontramos fósiles de trilobites
y alguna cruciana, testimonio de una auténtica huella del pasado.
Nikon F3
Objetivo Zoom Nikkor 35-70 mm
f/3,5
Película de diapositiva
Fujichrome Velvia
sábado, 8 de febrero de 2014
La noche del Urogallo
Había quedado con antelación con Jordi Canut, le fui a buscar y comenzamos la excursión. Había previsto pernoctar en el aguardo, por lo que sin más nos dispusimos a viajar con dirección al cantadero. Cuando llegamos, cogimos todos los trastos y nos dirigimos hacia el lugar. En el camino encontramos algún desplumadero de alguna hembra de urogallo "mal fario", justo lo que iba buscando había desaparecido entre las garras de una rapaz. No obstante continuamos, había prisa por montar el aguardo antes de que llegasen al dormidero. Había pasado algún tiempo, cuando se escucho un fuerte aleteo, ya era última hora del día. Estaban tomando posiciones para pasar la noche subidos a las coníferas. Apenas se veía y seguían llegando algunos rezagados. Esto prometía...
Al día siguiente había que madrugar, así que cenamos y a dormir. Cuando aún no había amanecido, comencé a instalar la cámara en el trípode y empezó el baile. Primero se escucho el gran aleteo de aterrizaje de los machos y al poco tiempo comenzamos a escuchar el canto de uno, justo enfrente del aguardo, cerca de la nieve. Había dos hembras que comían y muy cerca a nuestra derecha el precioso macho que, cantaba galantemente para conquistar el corazón de estas. Es curioso observar el comportamiento de estos grandes pájaros: se limitan a cantar con su cuello y cabeza estirados, así como su cola que exhiben en forma de abanico. Los paseos, acompañados de su canto amoroso, los realizan en su propio territorio, invitando a las hembras a acompañarlos, ya que son ellas las que eligen al galán.
Pasó algún tiempo y de pronto apareció otro macho, comenzando ambos a disputarse el territorio. Como es lógico, el vencedor de la contienda se apareó con las hembras. Fue una auténtica maravilla, poder disfrutar de un acontecimiento de estas características. Ahí seguía el macho pavoneándose, cuando de repente, como si de un misil se tratara, apareció una hembra de azor, Accipiter gentilis, que se lanzó sobre el urogallo levantando plumas del dorso en el revolcón, y éste saliendo a toda prisa buscando salvar la vida. Fueron unos instantes increíbles, de auténtica naturaleza salvaje. Ahora cuando escribo estas líneas, aún me estremezco.
Nikon F4
Objetivo Nikon 500 f/4 + 1,4x
Película de diapositiva Fujichrome Velvia
lunes, 6 de enero de 2014
Un día con Julio Escudero
Grato recuerdo el de aquellos días... Recuerdo una tarde en casa de Julio Escudero, al pie de Las Tablas de Daimiel, sentado en el serijo cerca de la chimenea. Hablábamos de otro tiempo, cuando él era joven y entonces Las Tablas era un vergel. Aún añoro esa época, rodeado de tanta vivencia, con personas que habían nacido en aquellos lugares y que me contaban episodios de su vida, compartiendo conmigo momentos entrañables. Este hombre, Julio Escudero, era un auténtico superviviente. Había vivido casi toda su vida de la Naturaleza, pero no de la que nosotros entendemos hoy, sino de la que marcaba desde muy pequeño a los niños, que los privaba de juegos y los hacía hombres duros y responsables antes de tiempo. Tiempo dedicado a fabricar garlitos (aparejo de pesca que tiene una entrada cónica que permite entrar a la pesca, pero no la deja salir), que se hacían de sauces que crecían en el humedal. También se fabricaban los serijos, las cestas, esterillas,... de enea que abundaba por aquel entonces. La medicina natural estaba en las plantas que crecían en su entorno. Recetas que pasaban de padres a hijos a modo de pociones mágicas. Hay que tener en cuenta que esta gente vivían en islas y los municipios más cercanos eran Villarrubia y Daimiel, por lo que necesitaban ser autosuficientes y depender lo mínimo posible de lugares alejados de su mundo.
Por la noche se disponían los garlitos en lugares estratégicos. Esa mañana, con la barca preparada, nos dispusimos a realizar el recorrido para recoger los garlitos y la verdad es que no se nos dio mal, pues cogimos muchos cangrejos.
Como decía al comienzo, una experiencia maravillosa de primera mano, un privilegio estar con Julio y su primo, y pescar al atardecer con el trasmallo a la vieja usanza. Subidos en la "curiana", nombre que se daba a la embarcación para capturar cangrejos y movidos por la "percha", pértiga de chopo que se hinca en el suelo y sirve como palanca para impulsar la barca, realizamos un excepcional recorrido.
La "rijaca" (se utilizaba para capturar peces de gran tamaño), es un enorme tenedor de tres a cinco dientes enganchado a un palo largo que, le daba al pescador un cierto aire mitológico. En la imagen que realicé a última hora de la tarde podemos ver a Julio en la embarcación con la rijaca, y en la proa, la lámpara de carburo cálcico para alumbrarse.
Nikon F3
Objetivo Zoom Nikkor 35-70 mm f/3,5
Película de diapositiva Fujichrome Velvia
jueves, 19 de diciembre de 2013
Se enfrentan el águila imperial y el buitre negro
Aunque han pasado más de
veinte años, aún recuerdo aquel día como si hubiese sucedido ayer. Era a primera
hora de la mañana, cuando algunos buitres negros comenzaron a posarse en el suelo, aunque
distantes y con mirada desconfiada. No pasaron muchos minutos cuando comencé a
oír al águila imperial, daba vueltas cerca de la carroña hasta que se posó en
una encina. Desde allí sin titubear se lanzó encima de la oveja (parecía que
tenía hambre) y comenzó a desgarrar las partes blandas. No habían pasado cinco
minutos y ya estaban a su lado dos buitres negros que, amenazantes reclamaban
su parte del botín. Uno de ellos lanzó su garra al águila, el tamaño parecía no
importar al joven águila que, enseguida se lanzó sobre ellos con mucha
autoridad y gran dosis de agresividad, desplazando momentáneamente a la pareja
de negros. Estos sin apartar la mirada de su objetivo, se acercaron de nuevo y
volvieron a agredir al joven águila, esta vez fue en equipo. Se resistió hasta
que terminaron echándole.
Magnífica experiencia,
aportando luz sobre los primeros años de vida de las águilas imperiales. Las
ovejas y en general los animales muertos en el campo, forman parte de su dieta
en los peores meses del año. Los conejos, alimento por excelencia de las
águilas imperiales, escasean en el período de más frío, por lo que no escatiman
en engullir lo que encuentran para sobrevivir al duro invierno.
En la imagen podemos observar al
joven águila imperial con una mirada agresiva y la tensión que imprime a sus
patas apretando con sus garras la presa. El erizamiento de las plumas del
cuello y cabeza, y la abertura de alas y cola aumentan su volumen, tratando de
intimidar al enorme buitre negro. Con esta estrategia trata de compensar la diferencia de
tamaño existente entre ambos.
Nikon F3
Objetivo Nikon 500 f/4
Película de diapositiva Fujichrome Velvia
martes, 10 de diciembre de 2013
Diciembre, negro amoroso
Sí negro, por lo de los buitres negros, Aegypius monachus, que por fin entraron al escenario. Por fin se hizo realidad el sueño, habían estado muy activos la tarde anterior cuando se preparaba todo y esa mañana cuando aún no había salido el Sol ya notaba su presencia, aunque no los veía. Era bien temprano cuando comenzaron a bajar, las disputas no se hicieron esperar, parecía que entre los comensales había hambre atrasada. Este día sin exagerar lo más mínimo, bajaron entre buitres negros y leonados, no menos de 120 individuos. Fue un espectáculo increíble, como siempre fueron los buitres leonados los que iniciaron la comida. Al principio los buitres negros estaban expectantes, como si lo que acontecía no fuese con ellos, pero nada más lejano de la realidad, comenzaron con agresiones que se combinaban con momentos de apaciguamiento. Cuanta más hambre tenía la pareja que aterrizaba, más agresividad mostraba. Pasado un rato, comenzaron a tomar parte en el banquete y apartaron a los buitres leonados. Su garra prensil no los temblaba cuando tenía que coger por la cabeza a un leonado y ponerlo en su sitio, ¡un verdadero espectáculo, qué agresividad!
Un ave que supera los 2 metros de envergadura es algo serio y, cuando ves como combate y amenaza con las alas abiertas a otra similar se convierte en espectáculo.
En el mes de diciembre comienzan el celo y es posible (al menos eso es lo que puede disfrutar yo) observar pautas de comportamiento amoroso. La entrega de material con el pico, como ramas o borra recogida del suelo, suele ser habitual. Los contactos entre las parejas es continuo incluso cópulas en los aledaños.
Un día completo, donde pude realizar muchas y variadas imágenes
Os dejo una imagen propia del celo que realicé ese día.
Nikon F3
Objetivo Nikon 500 f/4
Película de diapositiva Fujichrome Velvia
miércoles, 27 de noviembre de 2013
¡Un tornado leonado!
¡Un tornado leonado!
Definitivamente, harto de oír
al águila imperial y el aleteo de los buitres en el aguardo de pie de monte,
decidí cambiar de estrategia. Elegí un lugar más abierto cercano a la dehesa de
la raña, aunque aún a pie de monte. Esta vez fue un chaparro que,
como el otro aguardo, también le hicimos de vegetación con una puerta de buen grosor.
No era lo que se dice un casita en la montaña, ya que apenas cabían algo
apretadas dos personas con un cuerpo de cámara cada una, pero era suficiente.
Recuerdo haber hablado con
Juan Antonio Fernández, al que pregunté ¿qué le parecía el cambio de aguardo?,
y de alguna forma asintió, dando a entender que podía ser más fácil que en el
monte y entonces pensé que había elegido el lugar idóneo.
Pasaron algunas semanas… y
otra vez al ataque.
Para dejar el todoterreno
elegí una encina que estaba más o menos a un kilómetro del aguardo, pegada a
una antigua tapia de argamasa con piedra. El recorrido se hacía en un terreno
irregular con mucha piedra.
Era la primera vez que
entraba, eran las 4:00 h de la noche, las troneras se habían quedado un poco
pequeñas y tuve que hacer arreglos de última hora, alguna rama del chaparro molestaba
y el suelo estaba demasiado irregular. Terminadas las obras comencé a preparar
el equipo fotográfico y después a esperar. Hacia las 7:00 h escuché a los
primeros comensales, un fuerte aleteo
detrás de mi y silencio. Buenas noticias, ¡se habían escuchado mis plegarias! y
después de un rato, por fin empezaron a posarse en el suelo. Eran buitres
leonados en su gran mayoría, algo tímidos y distantes, aunque parecía que
venían con hambre pues tenían demasiados roces entre ellos. Continuas
agresiones, uno daba dos pasos y otros lo adelantaban, y se picaban,
la cosa pintaba muy bien. Pasados esos primeros 30 minutos, que si vas tú o yo
primero, llegó uno y ya en la cabra comenzó a picar. En un momento
sucedió algo increíble, parecía una carrera a ver quién llegaba el primero. Se
pusieron a comer y en un instante no se veía la carroña, parecía un equipo de
rugby, todos menos algún individuo miraban al suelo, amontonados unos encima de
otros.
¡Un verdadero espectáculo!
Me sorprendió la pasividad de algunos buitre negros que, miraban como si la cosa no fuese con ellos, más tarde comprendí lo ocurrido.
¡Un verdadero espectáculo!
Me sorprendió la pasividad de algunos buitre negros que, miraban como si la cosa no fuese con ellos, más tarde comprendí lo ocurrido.
La imagen que vemos en la
cabecera corresponde a aquel día.
Nikon
F3
Objetivo
Nikon 500 f/4
Película de diapositiva Kodachrome 64
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